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LA ACTUAL CRISIS FINANCIERA Y EC?NOMICA MUNDIAL A LA LUZ DEL BIEN COM?N DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD

Palabras del Presidente de la Asamblea General al iniciarse la Conferencia de Alto Nivel sobre la Crisis Financiera y Econ¨®mica Mundial y Su Impacto Sobre el Desarrollo

24 a 26 de Junio de 2009

Muy queridos Presidentes
Primeros Ministros
Cancilleres
Se?ores Ministros
Excelencias
Se?or Secretario General
Hermanas y hermanos todos:

Estamos todos aqu¨ª reunidos, los representantes de los Estados y de los gobiernos del mundo porque vivimos un momento singular¨ªsimo de la historia humana, en el cual est¨¢ en juego nuestro futuro com¨²n.

Somos ciudadanos de diferentes naciones y, al mismo tiempo, somos ciudadanos planetarios, viviendo relaciones m¨²ltiples de interdependencia de todos con todos.

Una arca de No¨¦ que salve a todos

En este momento cr¨ªtico, debemos todos sumar esfuerzos para evitar que la crisis global, con sus muchos y diferentes rostros, se transforme en una tragedia socioambiental y humanitaria. Los retos de las diferentes crisis est¨¢n todos interconectados y nos obligan a nosotros, representantes de los pueblos de la Tierra, a proclamar nuestra responsabilidad unos hacia los otros y a que juntos, con gran esperanza, busquemos soluciones incluyentes. Ning¨²n mejor lugar que esta sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas para hacerlo. Esta es por antonomasia la sala de la inclusividad democr¨¢tica mundial, Sede del G192. Obviamente que cada Estado tiene la opci¨®n de definir su nivel de participaci¨®n, de conformidad con la importancia que le asigne al tema de cada reuni¨®n.

No es humano ni responsable construir una Arca de No¨¦ que salve solamente al sistema econ¨®mico imperante dejando a la gran mayor¨ªa de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minor¨ªa. Tenemos que tomar colectivamente un conjunto de decisiones que atiendan, lo m¨¢s posible, a todos, incluyendo la gran comunidad de vida y la Casa Com¨²n, la Madre Tierra.

Superar el pasado y construir el futuro

Antes que nada, necesitamos superar un pasado agobiante y forjar un futuro esperanzador. Hay que reconocer que la actual crisis econ¨®mico-financiera es el ¨²ltimo resultado de un modo ego¨ªsta e irresponsable de vivir, de producir, de consumir, de establecer relaciones entre nosotros y con la naturaleza que implic¨® una sistem¨¢tica agresi¨®n a la Tierra y a sus ecosistemas y una profunda disimetr¨ªa social, una expresi¨®n anal¨ªtica que disimula una perversa injusticia social planetaria. A mi juicio, hemos llegado a la ¨²ltima frontera. El camino hasta ahora recorrido, parece haberse cerrado y, de continuar as¨ª, puede llevarnos al mismo destino ya anticipado por los dinosaurios.

Por eso, los controles y las correcciones del modelo vigente, sin duda, necesarios, son a mediano y a largo plazo, insuficientes. Su fuerza interna para hacer frente a la crisis global se muestra extremamente d¨¦bil. Quedarse en solo controles y correcciones del modelo demostrar¨ªa una cruel falta de sensibilidad social, de imaginaci¨®n y de compromiso con la creaci¨®n de una paz justa y duradera. El ego¨ªsmo y la codicia no se pueden remendar. Tienen que ser sustituidos por la solidaridad y eso, obviamente, implica un cambio radical. Si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros que debemos ir m¨¢s all¨¢ de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social.

En esta perspectiva, es imperativo buscar lo que la Carta de la Tierra llama un "modo sostenible de vivir". Esto implica una visi¨®n compartida de valores y de principios que propicien una forma distinta de habitar este mundo y que garanticen el buen vivir de las presentes y de las futuras generaciones. Si grande es el peligro que todos enfrentamos ante los diversos problemas convergentes, m¨¢s grande es aun la oportunidad de salvaci¨®n que la crisis mundial nos est¨¢ ayudando u obligando a descubrir.

Hemos construido una ±ð³¦´Ç²Ô´Ç³¾¨ª²¹ globalizada. Ahora es el momento de crear una pol¨ªtica y una ¨¦tica globalizadas a partir de las muchas experiencias y tradiciones culturales de los diferentes pueblos.

La Madre Tierra y la ?tica planetaria

Una ¨¦tica nueva presupone una ¨®ptica nueva. Es decir, una visi¨®n del mundo diferente origina, tambi¨¦n, una ¨¦tica diferente, una forma nueva de interrelacionarnos.

Hay que incorporar la ¨®ptica que nos viene de las as¨ª llamadas ciencias de la Tierra seg¨²n las cuales la Tierra est¨¢ insertada dentro de un vasto y complejo cosmos en evoluci¨®n. Ella est¨¢ viva, es la Madre Tierra, expresi¨®n aprobada por esta Asamblea el pasado 22 de abril. La Madre Tierra se auto regula, articulando, con un equil¨ªbrio sutil, lo f¨ªsico, lo qu¨ªmico y lo biol¨®gico de tal forma que se hace siempre propicia a la vida. Ella produjo una comunidad de vida ¨²nica dentro de la cual emergi¨® la comunidad de la vida humana - la Humanidad - como la parte consciente e inteligente de la misma Tierra.

Esta concepci¨®n contempor¨¢nea se compagina con la ancestral visi¨®n de la Humanidad y de los pueblos originarios para los cuales la Tierra siempre fue y es venerada como Madre, Magna Mater, Inana, Tonantz¨ªn, como la llamaban los n¨¢huatl en mi patria Nicaragua, o Pacha Mama, como la llaman los aymaras en Bolivia.

Crece m¨¢s y m¨¢s la conciencia de que todos somos hijos e hijas de la Tierra y a ella pertenecemos. Tal como nos ha recordado muchas veces el Presidente Evo Morales, ella puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin ella.

Nuestra misi¨®n como humanos es la de ser los guardianes y los cuidadores de la vitalidad y de la integridad de la Madre Tierra. Lamentablemente, a ra¨ªz de nuestro excesivo consumo y despilfarro, la Tierra ha ultrapasado ya en 40% su capacidad de reposici¨®n de los bienes y servicios que generosamente nos ofrece.

Esta visi¨®n de la Tierra viva es testimoniada por los astronautas que desde sus naves espaciales confesaron, admirados, que Tierra y Humanidad constituyen una ¨²nica realidad. Vivenciaron lo que se llam¨® el "Overview Effect", es decir, la percepci¨®n de que estamos tan unidos a la Tierra que nosotros mismos somos Tierra: Tierra que siente, que piensa, que ama y que venera.

Esa ¨®ptica nos evoca respeto, veneraci¨®n, sentimiento de responsabilidad y de cuidado por nuestra Casa Com¨²n, actitudes extremamente urgentes de cara a la actual degradaci¨®n generalizada de la naturaleza.

De esta nueva ¨®ptica nace una nueva ¨¦tica. Una nueva forma de interrelacionarnos con todos los que viven en nuestra morada humana y con la naturaleza circundante. Hoy la ¨¦tica o ser¨¢ planetaria o no ser¨¢ ¨¦tica.

Puntos axiales de una ¨¦tica del Bien Com¨²n

La primera afirmaci¨®n de esta ¨¦tica planetaria consiste en proclamar y salvaguardar el Bien Com¨²n de la Tierra y de la Humanidad. Partimos del presupuesto de que la comunidad de pueblos es simult¨¢neamente una comunidad de bienes comunes. Estos no pueden ser apropiados privadamente por nadie y deben servir a la vida de todos, de las presentes y de las futuras generaciones y de la comunidad de los dem¨¢s seres vivientes.

El Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra tiene las caracter¨ªsticas de universalidad y de gratuidad. Es decir, tiene que involucrar universalmente a todas las personas, los pueblos y la comunidad de vida. De este Bien Com¨²n Mundial nadie y ning¨²n ser pude ser excluido. Adem¨¢s, por su naturaleza, es algo gratuitamente ofrecido a todos y, por eso, no debe ser objeto de compra o venta ni ponerse bajo la l¨®gica de la competencia. Por otra parte, debe ser continuamente construido por todos sin que por ello el Bien Com¨²n deje de ser com¨²n.

?Cu¨¢les son los bienes fundamentales que constituyen el Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra? El primero es, sin duda, la propia Tierra. ?A qui¨¦n pertenece la Tierra? La Tierra pertenece, no a los poderosos que se apropiaron de sus bienes y servicios, sino al conjunto de los ecosistemas que la componen. Es un don del universo que surgi¨® en nuestra V¨ªa L¨¢ctea a partir de un sol ancestral ya desaparecido que origin¨® el sol actual alrededor del cual la Tierra gira como uno de sus planetas. Por el hecho de ser viva y generadora de todos los seres vivientes, tiene dignidad (dignitas Terra). Esta dignidad reclama respeto y veneraci¨®n y hace que ella sea portadora de derechos: derecho de ser cuidada, protegida y mantenida en condiciones de poder continuar produciendo y reproduciendo vidas.

Tenemos todav¨ªa que reconocer que el modo de producci¨®n que se globaliz¨® en su voracidad industrialista ha, en gran medida, desvastado la Tierra y, as¨ª mismo, da?ado tambi¨¦n el Bien Com¨²n de la Tierra y de la Humanidad. Es urgente que busquemos otros caminos m¨¢s humanos y m¨¢s favorables a la vida: los caminos de la justicia y de la solidaridad que son los caminos que conducen a la paz y a la felicidad.

En seguida tenemos a la bi¨®sfera de la Tierra como un patrimonio com¨²n de toda la vida de la cual la Humanidad es su tutora. Pertenecen al Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra, como dec¨ªa ya en 1972 la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente, "todos los recursos naturales de la Tierra, incluyendo el aire, los suelos, la flora, la fauna y en especial las muestras representativas de los ecosistemas naturales".

Especialmente el agua, los oc¨¦anos y los bosques pertenecen al Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra. El agua es un bien natural, com¨²n, esencial e insustituible y todos tienen derecho al acceso a ella, independientemente de los costos implicados en su captaci¨®n, reserva, purificaci¨®n y distribuci¨®n que ser¨¢n asumidos por el poder p¨²blico y por la sociedad. Por eso, nos preocupa enormemente el af¨¢n de privatizarla y transformarla en mercanc¨ªa con la cual, sin duda, se puede ganar mucho dinero. Agua es vida y la vida es sagrada y no objeto de trueques. Esta Asamblea quiere apoyar los esfuerzos para llegar a un Pacto Internacional del Agua con una gesti¨®n colectiva para garantizar a todos este bien tan vital.

Algo semejante hay que decir de los bosques, especialmente los tropicales y subtropicales, en donde se encuentra la mayor biodiversidad y concentraci¨®n de humedad necesaria a la vitalidad de la Tierra. Son los bosques los que impiden que los cambios clim¨¢ticos inviabilicen la vida en el planeta, porque son los grandes secuestradores de di¨®xido de carbono. Sin bosques no hay vida ni biodiversidad. Los oc¨¦anos son los grandes repositorios de vida, los reguladores de los climas, los equilibradores de la base f¨ªsica y qu¨ªmica de la Tierra. Bosques y oc¨¦anos constituyen una cuesti¨®n vital y no s¨®lo ambiental.

Los climas de la Tierra pertenecen al Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra. La resoluci¨®n 43/53 del 6 de diciembre de 1988 de esta Asamblea General de la ONU sobre "Protecci¨®n del Clima Global para las Generaciones Presentes y Futuras," reconoce los climas como Patrimonio Com¨²n de la Humanidad (Common Concern of Humankind) porque "son una condici¨®n esencial de la manutenci¨®n de la vida en la Tierra". El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim¨¢tico, m¨¢s conocido como IPCC, por sus siglas en ingl¨¦s, considera "los cambios clim¨¢ticos una preocupaci¨®n com¨²n de la Humanidad que debe ser tratada globalmente con una responsabilidad compartida".

Pero el gran Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra es la propia Humanidad como un todo. Tiene un valor intr¨ªnseco supremo y representa un fin en s¨ª mismo. Es parte del reino de la vida, altamente compleja, capaz de conciencia, sensibilidad, inteligencia, fantas¨ªa creadora, amor y apertura al Todo. Hay en todas las culturas la clara percepci¨®n de que la Humanidad es portadora de una inviolable dignidad. Cometen crimen contra la Humanidad los que hacen guerras y construyen una m¨¢quina de muerte que puede eliminar de la faz de la Tierra la vida humana y da?ar profundamente la bi¨®sfera.

Por eso, mis queridos hermanos y hermanas, ya no debemos esperar. Es imprescindible proceder cuanto antes a la abolici¨®n de armas nucleares por completo, no simplemente reducci¨®n o no proliferaci¨®n. Urge establecer la norma de cero tolerancia para armas nucleares, para todos en general sin excepciones. Un encuentro de todos los poseedores de armas nucleares para tomar decisiones sobre ¨¦sto es ya algo inaplazable. Estamos viviendo un momento propicio para ¨¦sto y no debemos desaprovecharlo. El mundo tampoco puede seguir tolerando la obscenidad de los cada vez mas astron¨®micos gastos en armamentos mientras se ofrecen irrisorias cantidades para sacar a la mitad de la humanidad de niveles de pobreza inexcusables que, adem¨¢s, constituyen una bomba de tiempo contra todos. La violencia genera violencia y mantener a gente en hambre y niveles infrahumanos de existencia es la peor violencia.

Estrategias para la superaci¨®n de la crisis

En este momento de la historia bajo la crisis global y a la luz del Bien Com¨²n de la Tierra y de la Humanidad, se hace necesario tomar colectivamente medidas de corto y mediano plazo para mantener a la sociedad funcionando, por un lado y para sentar las bases de nuevas formas de vivir sustentablemente, por el otro. Cinco ejes fundamentales podr¨ªan dar coherencia a las nuevas iniciativas que busquen construir alternativas y tambi¨¦n orientar numerosas pr¨¢cticas que ser¨¢n discutidas en estos d¨ªas aqu¨ª en la Asamblea General.

Primero: la utilizaci¨®n sostenible y responsable de los escasos recursos naturales. Esto implica superar la l¨®gica de la explotaci¨®n de la naturaleza y fortalecer la relaci¨®n de respeto y de sinergia.

Segundo: devolver a la ±ð³¦´Ç²Ô´Ç³¾¨ª²¹ su debido lugar en el conjunto de la sociedad, superando la visi¨®n reduccionista que la hizo el gran eje estructurador de la convivencia humana. La ±ð³¦´Ç²Ô´Ç³¾¨ª²¹ debe ser respetuosa de valores y no fuente de valores; debe ser vista como la actividad destinada a crear, dentro del respeto de las normas sociales y ecol¨®gicas, las bases de la vida f¨ªsica, cultural y espiritual de todos los seres humanos sobre el planeta.

Tercero: generalizar la democracia a todas las relaciones sociales y a todas las instituciones. No solamente aplicarla y profundizarla en el campo pol¨ªtico, con una nueva definici¨®n del Estado y de los organismos internacionales, sino tambi¨¦n ampliarla al ¨¢rea de la ±ð³¦´Ç²Ô´Ç³¾¨ª²¹, de la cultura y de la relaci¨®n entre hombres y mujeres para que sea un valor universal y verdaderamente una democracia sin fin.

Cuarto: forjar un ethos m¨ªnimo desde el intercambio multicultural y desde las tradiciones filos¨®ficas y religiosas de los pueblos, a fin de que puedan participar en la definici¨®n del Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra y en la elaboraci¨®n de nuevos valores.

Quinto: potenciar una visi¨®n espiritual del mundo que haga justicia a las b¨²squedas humanas por un sentido trascendente de la vida, de la labor creativa de los humanos y de nuestro corto tr¨¢nsito por este peque?o planeta.

La concretizaci¨®n de estos cinco ejes fundamentales es esencial para lograr el buen vivir personal, social y planetario. Este se alcanza a trav¨¦s de una ±ð³¦´Ç²Ô´Ç³¾¨ª²¹ de lo suficiente y decente para toda la comunidad, viviendo en comuni¨®n con los dem¨¢s seres humanos, con la naturaleza y con el Todo del cual somos parte.

Aqu¨ª se dan las bases para una ²ú¾±´Ç³¦¾±±¹¾±±ô¾±³ú²¹³¦¾±¨®²Ô que tiene como centralidad la vida, la Tierra y la Humanidad, cuyos ciudadanos se sienten hijos e hijas de la alegr¨ªa y no de la necesidad.

Cuatro Principios ¨¦ticos fundamentales

Todos estos retos no ser¨¢n adecuadamente respondidos si no cambiamos nuestras mentes y nuestros corazones y no creamos espacio para la emergencia y el desarrollo de otras dimensiones esenciales del ser humano. El uso exclusivo y abusivo de la raz¨®n instrumental-anal¨ªtica en los tiempos modernos nos ha hecho sordos al clamor de la Tierra e insensibles a los gritos de los oprimidos que son las grandes mayor¨ªas de la Humanidad. En lo m¨¢s hondo de nuestra naturaleza humana somos seres de amor, de solidaridad, de compasi¨®n y de comuni¨®n. Por eso hay que enriquecer la raz¨®n anal¨ªtica con la raz¨®n sensible, emocional y cordial, sede de los referidos valores.

El Bien Com¨²n de la Humanidad y de la Tierra es una realidad din¨¢mica y en continua construcci¨®n. Para mantenerlo vivo y abierto a otros desarrollos cuatro principios ¨¦ticos resultan importantes.

El primer principio ¨¦tico es el respeto. Cada ser tiene valor intr¨ªnseco. Su utilizaci¨®n para el Bien de la Humanidad no puede ser orientada por una ¨¦tica meramente utilitarista, como ha predominado en el paradigma socioecon¨®mico vigente, sino dentro de un sentido de mutua pertenencia, de responsabilidad y de conservaci¨®n de su existencia.

El segundo es el cuidado. El cuidado configura una actitud no agresiva ante la realidad, actitud amorosa que repara los da?os pasados y previene los futuros y, a la vez, se extiende a todos los campos de la actividad humana personal y social. Si existiera suficiente cuidado, no habr¨ªamos llegado a la actual crisis financiera y econ¨®mica. El cuidado est¨¢ ligado intr¨ªnsecamente a la manutenci¨®n de la vida, porque sin cuidado ella se debilita y desaparece.

La expresi¨®n oriental del cuidado se llama compasi¨®n, tan necesaria en los d¨ªas de hoy cuando gran parte de la Humanidad y de la misma Tierra se encuentran crucificadas y magulladas en un mar de padecimientos. En una sociedad de mercado que se rige m¨¢s por la competencia que por la ³¦´Ç´Ç±è±ð°ù²¹³¦¾±¨®²Ô, se constata una cruel falta de compasi¨®n con todos los que sufren en la sociedad y en la naturaleza.

El tercer principio es la responsabilidad universal. Todos somos ecodependientes e interdependientes. Nuestras acciones pueden ser ben¨¦ficas o da?inas para la vida y para el Bien Com¨²n de la Tierra y de la Humanidad. Las muchas crisis actuales derivan, en gran parte, por la falta de responsabilidad de nuestros proyectos y pr¨¢cticas colectivas que han provocado el desequilibro global de los mercados y el del sistema-Tierra.

El cuarto principio es la ³¦´Ç´Ç±è±ð°ù²¹³¦¾±¨®²Ô. Si no hay ³¦´Ç´Ç±è±ð°ù²¹³¦¾±¨®²Ô entre todos, no vamos a salir enriquecidos de las crisis actuales. La ³¦´Ç´Ç±è±ð°ù²¹³¦¾±¨®²Ô es tan esencial que fue ella lo que en el pasado permiti¨® a nuestros ancestros antropoides dar el salto de la animalidad a la humanidad. Al buscar sus alimentos, no los com¨ªan de forma individual sino que los tra¨ªan todos para el grupo y de forma cooperativa y solidaria lo compart¨ªan entre todos. Lo que fue esencial en el pasado, sigue siendo esencial en el presente.

Por fin, pertenece al Bien Com¨²n de la Humanidad la creencia testimoniada por las tradiciones espirituales y afirmada por cosm¨®logos y astrof¨ªsicos contempor¨¢neos, de que por detr¨¢s de todo el universo, de cada ser, de cada persona, de cada evento y de nuestra crisis actual, act¨²a la Energ¨ªa de Fondo, misteriosa e inefable, llamada tambi¨¦n Fuente Alimentadora de todo el Ser. Esta Energ¨ªa sin nombre - estamos seguros - actuar¨¢ tambi¨¦n en este momento de caos ayud¨¢ndonos y empoder¨¢ndonos para vencer al ego¨ªsmo y tomar las medidas necesarias para que ¨¦ste no sea catastr¨®fico, sino creativo y generativo de nuevas ¨®rdenes de convivencia, de modelos econ¨®micos innovadores y de un sentido m¨¢s alto de vivir y de convivir.

Conclusi¨®n: no tragedia sino crisis

Para terminar, quiero testimoniar mi profunda convicci¨®n de que el escenario actual no es de tragedia sino de crisis. La tragedia termina mal con una Tierra desvastada pero que puede continuar sin nosotros. La crisis purifica, nos hace madurar y encontrar formas de superaci¨®n satisfactorias para toda la comunidad de vida, del ser humano y de la Tierra. El actual dolor no es el estertor de un moribundo, sino el dolor de un nuevo parto. Hasta ahora hemos explotado exhaustivamente el capital material que es finito, cabe ahora trabajar el capital espiritual que es infinito porque infinita es nuestra capacidad de amar, de convivir hermanablemente y de penetrar en los misterios del universo y del coraz¨®n humano.

Como todos venimos del coraz¨®n de las grandes estrellas rojas en las cuales se forjaron los elementos que nos constituyen, est¨¢ claro que nosotros nacimos para brillar y no para sufrir. E iremos nuevamente a brillar -esta es mi firme esperanza - en una civilizaci¨®n planetaria m¨¢s respetuosa de la Madre Tierra, m¨¢s incluyente de todos, m¨¢s solidaria a partir de los m¨¢s despose¨ªdos, m¨¢s espiritual y llena de reverencia frente al esplendor del universo y mucho m¨¢s feliz.

Con estas palabras, se dan por iniciadas las intervenciones en esta important¨ªsima Conferencia sobre la crisis financiera y econ¨®mica mundial. Al contextualizar la problem¨¢tica, he querido enfatizar que, para poder aprovechar las oportunidades que la actual crisis nos presenta, tendremos que deponer actitudes ego¨ªstas. Estas, en verdad, s¨®lo buscan preservar un sistema que, supuestamente, beneficia a una minor¨ªa y claramente tiene nefastas consecuencias para la inmensa mayor¨ªa de los habitantes del planeta. Tenemos todos que revestirnos de SOLIDARIDAD y de COOPERACI?N para poder dar un salto cualitativo hacia un futuro de paz y bienestar.

Perm¨ªtanme, queridos hermanos y hermanas concluir esta reflexi¨®n con las palabras del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI para esta Conferencia:

?Invoco para los participantes de la Conferencia, como tambi¨¦n para los responsables de la cosa p¨²blica y de los destinos del planeta, el Esp¨ªritu de Sabidur¨ªa y de Solidaridad Humana para que la actual crisis se transforme en oportunidad capaz de ayudarnos a brindar una mayor atenci¨®n a la dignidad de cada ser humano y promover una distribuci¨®n m¨¢s equitativa del poder de decisi¨®n y de los recursos, con particular atenci¨®n a los pobres, cuyo n¨²mero, desafortunadamente, es cada vez mayor.?

Muchas gracias.

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